A mediados de mayo, el árbitro más veterano de Alcalá, Alfonso Ranz, y su hijo, Alfonso Lisboa, actuaron juntos en un partido. Motivo de especial alegría para el padre, que ve como su hijo le sigue los pasos, y para el hijo, que está a un paso de entender el amor por este hobby.

Padre e hijo durante el partido

¿Cuántos años lleváis cada uno arbitrando?

RANZ: Yo empecé cuando todavía había dinosaurios en la tierra, creo que esta es mi trigésimo segunda temporada.

LISBOA: En mi caso esta es la tercera temporada arbitrando, aunque con la intensidad y gusto que lo vivo parece que han pasado más años.

Imagen del partido que arbitraron juntos

Suponemos que, si el hijo es árbitro, en este caso, es porque lo lleva viendo en casa desde siempre, ¿no?

RANZ: Pues para qué negarlo, supongo que esto sí habrá influido. A él le encantaba desde muy pequeñito venir a verme a los partidos y, a veces, tenía que dejarlo al cuidado de los compañeros oficiales de mesa porque era tan pequeño que no me atrevía a dejarlo solo en la grada.

Después comenzó a jugar al baloncesto y lo tenía más difícil, pero aún así, siempre que podía intentaba ir a mis partidos. Por cierto, era bastante crítico conmigo, así que ahora me estoy vengando y el que le da caña soy yo.

Padre e hijo a punto de salir para el campo

LISBOA: Siendo muy pequeño, mi padre me puso un balón de baloncesto en las manos y empezó mi amor por este deporte. Después, con seis años comencé a jugar y aún así, cuando no tenía partidos, me gustaba ir a ver arbitrar a mi padre de manera que, poco a poco, comencé a conocer gente del mundo arbitral con los que, a lo largo del tiempo, sigo manteniendo una relación muy buena. A los 16 años me interesé por primera vez por un curso de árbitro que se impartía en mi ciudad, Alcalá de Henares, pero no hubo gente suficiente y no se llegó a dar. Con 18 años por fin pude hacer el curso y aquí estamos. Lo que más me enganchó fue el ambiente que veía entre los compañeros.

Equipo arbitral al completo del primer partido padre e hijo juntos

¿Cómo fue ese primer partido juntos? ¿Alguna anécdota?

RANZ: Fue un partido muy tranquilo, el último de la temporada para los dos equipos, casi una balsa de aceite. La anécdota negativa es que tuvimos que descalificar a un jugador en el último minuto, lo cual nos dejó un regusto agridulce.

LISBOA: Fue un partido muy tranquilo en el que no hubo absolutamente ningún problema. Era el último partido de la temporada para los dos equipos y no se jugaban nada. Sin embargo, en el último minuto mi padre tuvo que descalificar a un jugador, la única nota negativa que hizo que el acontecimiento tan bonito quedase con un mal sabor de boca.

Amigos y familiares listos para celebrar el primer partido entre padre e hijo

Normalmente los compañeros veteranos aconsejan a los más novatos, en este caso, ¿cuál es el consejo de padre a hijo sobre arbitraje?

RANZ: Este año debido a un montón de lesiones recurrentes estoy arbitrando muy poco así que mato el gusanillo acompañando a mi hijo, y me doy cuenta que soy muy, pero que muy, pesado corrigiéndole cosas continuamente. Él es muy tranquilo y lo toma con calma. Mi consejo fundamental es que disfrute con el arbitraje, que no se obsesione con cuestiones externas, que trabaje, que sea disciplinado, pero sobre todo que disfrute. Yo he sido capaz de hacerlo durante 32 años.

LISBOA: Últimamente mi padre me acompaña a la mayoría de los partidos y me corrige cosas. A veces pienso que siempre se centra en las mismas cosas, pero aprecio esos consejos y poco a poco me voy dando cuenta de que las cosas que creía que hacía bien, no las hago tan bien y que si nadie te las corrige no llegas a darte cuenta. El consejo en el que más me insiste es sobre el control del partido, dice que la mayoría de las veces los partidos no se controlan pitando faltas o violaciones.

Imagen del partido que arbitraron juntos