David Palacio puede engañar a algún nuevo compañero con su carita de niño, pero los que llevamos aquí un tiempo, sabemos que es uno de los nuevos clásicos de nuestro Comité. Agradable y de trato fácil, es un árbitro con el que se puede hablar de cualquier cosa, incluso de baloncesto.

¿Cuántos años llevas arbitrando?

Mucho más de lo que pensaba que duraría, y es que de mis 33 años de vida, en 17 de ellos, que es más de la mitad, me ha acompañado el arbitraje.

David con un par de compañeros árbitros

¿Qué te llevó a hacerte árbitro?

Como suele suceder, casualidades de la vida. Vinieron al colegio en el que estudiaba a dar una charla sobre valores del deporte y hablaba un árbitro que fue el que me dio a conocer una forma de conjugar el deporte y dinerito para los fines de semana.

Manu y Jesús posando para una foto mientras David hace el monguer detrás de ellos

¿Qué es lo más duro de este hobby?

Esto ha ido cambiando mucho con el peso de los años. Al principio lo más complicado, probablemente, era madrugar los fines de semana y renunciar a planes con amigos para ir a pasar frío a una pista al aire libre un sábado a las 9 de la mañana. Luego, cuando adquieres mayor conciencia, darte cuenta de que tienes que asumir el error como una característica inherente al trabajo de un árbitro, y que por ello, debes aprender a entender las críticas. Con la edad, lo más duro ha sido entender que no todo depende exclusivamente del trabajo y la calidad como árbitro, sino que hay otros muchos factores que marcan tu trayectoria arbitral, y que no debe frustrarte.

David pitando una antideportiva en un partido

¿Qué es lo mejor de arbitrar?

Lo resumiría en dos aspectos: amigos y baloncesto. Poder disfrutar del baloncesto todas las semanas desde dentro es una maravilla, pero encima disfrutarlo al lado de grandes personas, como los much@s compañer@s a los que he ido conociendo durante estos 17 años, lo convierte en algo redondo. He tenido la suerte de compartir y vivir grandes momentos con todos, tanto en las pistas como fuera de ellas, y eso es algo que queda para siempre.

David durante uno de sus partidos

Después de tantos años, ¿cómo te tomas el arbitraje ahora?

Me lo tomo con una gran sonrisa. Durante años, muchos técnicos, grandes árbitros y personas, me han dicho lo mismo: “Cuidado con sonreír demasiado, que se puede malentender en ciertos momentos del partido.”

Pero es que hay personas, como mi amigo el gran Toni Pereira, que no lo podemos evitar y nos sale demostrar en la pista que estamos felices, disfrutando de nuestro deporte, haciéndolo lo mejor que podemos y trabajando por mejorar nuestro nivel de acierto en los partidos.

¿Algún partido que recuerdes con especial cariño?

Con cariño guardo muchos, pero hay algunos más especiales, como F4, eliminatorias, mis partidos de Campeonato de España… Sin embargo destacaría dos por encima del resto.

El primero lo recordará bien Rafa Serrano como jefe de categoría. En los últimos segundos de un tercer partido de cuartos de final de Nacional Masculina, con el marcador igualado, se me escapó el silbato en una jugada sin nada. No supe reaccionar, el juego continuó y eso generó un final de fiesta tremendamente triste. Yo solo quería que me tragase la tierra y salir de allí lo más rápido posible, casi huyendo. Ese partido me sirvió para entender de verdad cómo gestionar el error, la frustración de saber que te has equivocado, de no haber sabido controlar los nervios, de no haber actuado como creo que un verdadero árbitro debe. Somos humanos y claro que nos podemos equivocar en muchas ocasiones, pero aprendí a controlar los nervios, aunque me costó una F4. ¡Gracias Rafa! 😉

El segundo ha sido el que por el momento ha podido ser mi último partido en Primera Nacional. Compartir ese momento con Toni Pereira fue de los mejores regalos que me ha dado el Departamento de Designaciones.

David con su mujer y su hija mayor

¿Alguna anécdota divertida?

Aunque a lo largo de estos 17 años ha habido muchas, una la recuerdo con especial cariño: una en Liceo Francés que nunca olvidaremos ni el jugador implicado ni yo. Después de mis partidos, fui a ver a unos amigos en su partido de Play off. En una jugada cualquiera del partido, un jugador se lleva un tremendo golpazo en un diente, concretamente en una de las palas, que se le salió de su sitio. Uno, que además de árbitro decidió hacerse dentista y mantener su estatus de “figura odiada por la sociedad”, se plantó en el banquillo vestido de árbitro (o sea, el enemigo) y le recoloqué el diente en su lugar, sin anestesia, a un chaval de dos metros. Hasta la fecha ha sido la primera y última vez que me ha tocado hacerlo en la vida y espero que así siga siendo.

Sin embargo, me quedo con el cariño del chaval, del club y de la familia que me localizó a los días para agradecerme haberle salvado su piño. Sí, ya sé que solo es un piño, pero ¡el chaval tenía que seguir ligando en la discoteca los fines de semana!

¿Algún consejo a los que están empezando?

Que le sonrían a los partidos, a los técnicos e informadores, a los jefes de categoría, a los compañeros, a los jugadores, entrenadores, padres y aficionados. No hay que reírse de nadie, no me malinterpretéis. Habrá partidos en los que haya que sonreír desde dentro, sin que se vea. Pero, en mi opinión, vamos cada semana a las pistas a disfrutar de nuestro deporte, tan nuestro como del resto de integrantes del juego, y del que debemos sentirnos muy orgullosos.